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“La Constitución no es un experimento”

2026-03-25 - 22:52

Por: Eduardo Diaz A. Entre la ley y la dignidad: cuando la política se adelanta a la verdad, la sociedad pierde el rumbo... y la Sentencia 4-24-CN/26 puede convertirse en un péndulo fuera de control. Por: Eduardo Diaz A. Toda sociedad justa descansa sobre cuatro columnas que solemos olvidar en medio del ruido digital: la verdad, la razón, la ley y la política. Cuando el orden se invierte —cuando la política pretende reescribir la ley, cuando la ley se aplica sin razón y cuando la razón se divorcia de la verdad— el resultado es inevitable: obcecación social. La reciente Sentencia 4-24-CN/26 de la Corte Constitucional, que permite que adolescentes de 12 a 18 años soliciten la rectificación de la mención “género” en sus documentos con acompañamiento legal y evaluaciones psicosociales, ha puesto a prueba ese equilibrio. La decisión existe, es pública y está motivada: la Corte considera inconstitucional aplicar la mayoría de edad como regla automática “en el caso concreto y en casos análogos” cuando esta desconoce la autonomía progresiva y la madurez acreditada. Conviene cortar de raíz la caricatura, porque a veces el iusnaturalismo corrige al positivismo. Este debate revive una tensión tan antigua como el derecho mismo: El positivismo recuerda que el artículo 94 de la LOGIDC fijaba la mayoría de edad para la rectificación de sexo o género. El iusnaturalismo, en cambio, advierte que la validez de una norma depende de su capacidad de respetar dignidad y derechos; de lo contrario, el Estado puede terminar amparando atajos morales que erosionan principios fundamentales. El problema es que, tratándose de temas tan sensibles, muchos ciudadanos esperan barreras claras, no criterios flexibles. Y aunque la Corte afirma sostener la autonomía progresiva, lo que se teme es que la decisión abra un precedente difícil de administrar. Es comprensible: la persona humana y su dignidad son anteriores al Estado, pero también lo es nuestra necesidad de certezas normativas razonables. Hablo desde mi propia convicción: soy católico, iusnaturalista, y creo en el derecho positivo como pilar del orden social. No concibo un Estado inquisitorial, pero tampoco uno de barra libre. En democracia, las leyes deben construirse escuchando a todos, precisando procedimientos y evitando desnaturalizar los acuerdos que sostienen la convivencia. La verdadera defensa está en el equilibrio difícil y valiente entre libertad y responsabilidad. El cargo “La Constitución no es un experimento” apareció primero en Diario Los Andes.

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